CRISTÓBAL ZAPATA REFLEXIONA SOBRE "ARTE CONTEMPORÁNEO Y PATIOS DE QUITO"

¿Cuál es su opinión de la exhibición en general?

Aunque el resultado quizá luzca un poco irregular –como suele ocurrir en eventos de estas características-, creo que la propuesta es altamente estimulante: para empezar abre una brecha de acción en la escena artística local y nacional; provoca una reflexión urgente y necesaria sobre los posibles usos del espacio público, reactiva los recintos patrimoniales; produce una oportuna fricción temporal que nos recuerda que vivimos en un espacio conformado por múltiples, heterogéneas capas temporales; permite re-visitar la memoria desde los discursos simbólicos que son siempre más veraces y lúcidos que los discursos oficiales. Frente al discurso del poder que empieza a acotar –de un modo burdo y violento- la trama del Centro Histórico, “Los Patios” se levantan como los hitos de un contra discurso que destrama y erosiona gradualmente los guiones y relatos establecidos como verdades supremas e incuestionables.

¿Con cuál propuesta artística considera que el público ha tenido más cercanía?

No sabría decirlo con exactitud. Pero hasta donde he podido sondear, me parece que la propuesta de Magdalena Atria es la que ha provocado mayor entusiasmo, y posiblemente sea la más lograda tanto por su resolución formal (hace de la plastilina un elemento verdaderamente plástico, maleable, enormemente expresivo en función de lo que la artista se propone significar), como por los sentidos que aglutina. Su obra produce lo que esperamos del arte: nos provoca placer y nos da que pensar, nos emociona y cuestiona al mismo tiempo. A partir de un suceso trágico, ocurrido en un pretérito remoto, su instalación mural –que es quizá la categoría que le convenga- desarrolla una sugestiva alegoría de la memoria y de la historia, de la inocencia y del tiempo, pero sobre todo consigue lo que quizá sea el objetivo central del proyecto curatorial y el fundamento del site-specific: actualizar el espacio que ocupa, esto es: ponerlo al día, realizarlo resignificándolo.

¿Considera que el público ha comprendido las obras? O ¿No se trata de entenderlas?

La comprensión de la obras redunda sin duda en el disfrute que experimenta el espectador cuando las confronta. Sin embargo, para que ocurra una experiencia estética no hace falta una intelección absoluta del objeto artístico: lo que alcanzamos a entrever, a sentir en su presencia, a través de la intuición, de los sentidos supone ya un grado de participación estética. Ninguna de las obras es completamente transparente –pues las estrategias retóricas del arte contemporáneo –generalmente sustentadas en un subtexto o subrelato– entrañan diversos niveles de opacidad precisamente como una forma alterna de comunicación a los estándares de transparencia mediática o a los de la comunicación ordinaria. Por eso, con frecuencia, las obras más eficaces son las que requieren menos intermediarios o mediaciones.

Qué características debe tener una intervención artística para catalogarla como “una buena obra”

El artista debe tener una comprensión cabal del sitio donde opera, conocer su trayectoria y el lugar que ocupa en el presente dentro de la dinámica urbana. Toda intervención en el espacio público supone al mismo tiempo una operación diacrónica y sincrónica. Lo importante es procurar que las obras hagan explosionar esos espacios convirtiéndolos en lugares de interacción y de interrogación. Se trata, en suma, de construir oasis en el desierto citadino o metropolitano: refugios o reservas de diálogo y encuentro, plataformas de intercambio a salvo del dogma, de las certidumbres y los lugares comunes contra los cuales actúa el arte.

¿Qué representa para Quito tener una exposición de arte contemporáneo tan ambiciosa en espacios no museológicos?

Para Quito y para el país me parece que es una lección por varios aspectos: la ambición y el alcance del proyecto, las capacidades de gestión y organización empeñadas, los presupuestos humanos y materiales que ha comprometido, y la importancia de los nombres en juego (el de Gerardo Mosquera para empezar). La mejor forma de hacer historia es haciendo geografía, potenciando y proyectando nuestras singularidades. En ese sentido la iniciativa es un esfuerzo dirigido a activar la perezosa escena local y a visibilizar este país secreto, extraviado en la mitad del mundo, perdido en la traducción y en la traslación.

¿Qué se busca con exposiciones de este tipo?

Además de lo ya señalado, amplificar el radio de acción del arte, involucrar nuevos públicos, desplegar otros modelos y metodologías de trabajo que pueden ser de gran utilidad para artistas, curadores y gestores culturales. Pero también procurar otras formas de circulación, de relación de los habitantes-espectadores con la ciudad, suscitar una relación experimental con la urbe. Algo de eso pasa con la Alicia de Cristina Lucas que desborda el patio para irrumpir en la calle, para interrumpir el tráfico, el tránsito cotidiano.

¿Esta ha sido una exposición en la que han tenido más relevancia los patios o las obras? O ¿existe un balance?

En algunos casos la magnitud o belleza de los patios pueden disminuir o neutralizar a las obras, más aun cuando los artistas han hecho un esfuerzo por hacerlas invisibles: por ejemplo las propuestas de Pablo Cardoso y Priscila Monge que se limitan a hacer una especie de acotación marginal, como una nota al pie de página o de patio, digamos. Aunque me gusta la sutileza y elegancia del gesto –esa cita o escritura secreta, al costado–, me parece que ese gesto de inscripción se pierde dentro del continente arquitectónico. Incluso en el caso de Mona Hatoum –cuya obra es sin duda de lo más poderoso de la muestra–, siento que la falta un poco de volumen en relación al imponente patio barroco dentro del que se inserta. El peor caso me parece el de Javier Téllez: nada más soso; es una obra visual y conceptualmente pobre, de una pobreza ofensiva diría. Donde veo mayor equilibro en el diálogo con el espacio es en las obras de Rubens Mano, Magdalena Atria y Miguel Alvear.

A pocos días que finalice la exposición, de que cierren patios probablemente nunca antes visitados, ¿Cuál sería desde su punto de vista, la razón más importante para que el público que no ha visto la muestra lo haga y se aproxime a ella?

No hay una, hay dos buenas razones para visitar la exposición: las obras y los patios.