Priscilla Monge

“Yo trabajo como un arte a veces de encuentros, de situaciones que cambian la vida”.

El calendario marcó el 30 de junio y el cronograma de trabajo que contemplaba la visita de aproximación y reconocimiento de los patios por parte de los artistas ecuatorianos Miguel Alvear, Larisa Marangoni, Pablo Cardoso y los internacionales Priscilla Monge de Costa Rica y Rubens Mano de Brasil, se cumplió sin retrasos.

Los dos artistas extranjeros, que por primera vez visitaban Quito, tuvieron la oportunidad de acercarse a la realidad de una ciudad colonial y conocer el patio asignado a cada uno: en el caso de Priscilla Monge, el Patio de la Casa del Higo, ubicado en la calle García Moreno, actualmente propiedad de Radio Tarqui.

Nos encontramos con Priscilla, una mujer seria, de palabras exactas, quien manifiesta el honor que representa trabajar con Gerardo Mosquera, curador del proyecto, en un país que no conocía y en una ciudad que tiene una “carga histórica y subjetiva enormes”. Reconoce el desafío que implica hacer un trabajo de arte, pero aún más cuando el artista interviene en un espacio que no está dedicado para esto, como una galería o un museo.

Se define como una artista con conciencia social que ha estado preocupada de temas como el poder. Participó en la Primera edición de arte contemporáneo en patios realizado en el año 2009 en Córdoba- España. Señala que hacerlo en Quito no es igual “básicamente porque es una ciudad diferente, por tanto el espacio va a tener otra connotación, pese a que igualmente sean patios”, pues en Córdoba -agrega- los patios tenían grandes fuentes del siglo XII y su trabajo se concentró en la fuente. “Ahora abordo un problema totalmente distinto, es un patio que tiene una higuera de 57 años, donde habitan familias”.

Priscilla nos cuenta que el dueño de la Casa del Higo se ha mostrado muy abierto y colaborador con ella y le ha dado carta blanca para que haga lo que quiera, lo que sin duda ha sido muy positivo en esta interrelación necesaria que se establece entre arte y patio. A esto se suma el trabajo de los curadores que son personas muy abiertas y están dando todas las libertades para crear a pesar de trabajar en un lugar que no es un espacio museístico.

“Lo que vamos a desarrollar es un trabajo in situ, la cosa se vuelve de mucha responsabilidad porque trabajas en una zona especial, que yo personalmente abordo con mucho respeto”.

La artista indica que esta visita ha permitido tener una muy buena idea del patio, pues han tenido suficiente tiempo de estar en el lugar, de poder conversar con el dueño de casa y los inquilinos que viven ahí, por lo cual se lleva una gran impresión y recuerdo. Reconoce que no tiene pensado exactamente qué obra hará, pero intuye que trabajará con sonido.

Al consultarle cómo cree que va a recibir el público de Quito y Ecuador la muestra, con certeza manifiesta que la interacción va a ser muy rica, muy íntima y diferente, porque el espectador probablemente llegará con otras expectativas que cuando va a una galería de arte.

Para finalizar quisimos que Priscilla nos dé su visión de Quito, ciudad a la que califica como una urbe con zonas muy hermosas, completamente histórica, de gente muy amable, pero reconoce que lo que más le ha impresionado es que existan estos patios maravillosos y que no sean públicos, sino de personas que los tienen desde hace muchos años, que están bastante abandonados, siendo Patrimonio de la ciudad.

“Talvez ustedes mismos no se dan cuenta de estos lugares tan especiales que tienen, realmente son hermosos y diferentes”.

Nos despedimos de Priscilla Monge, quien se siente parte de una generación de artistas costarricenses que a veces critican, hablan de lo que pasa, pero que particularmente “trabaja un arte a veces de encuentros, de situaciones que cambian la vida”, del que tendremos una muestra a partir del 4 de septiembre en la Casa del Higo.

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