DAYANA RIVERA

“Un proyecto que le da un valor imprescindible a los habitantes de la ciudad más que a su imponente arquitectura, pues espacios sin seres que los habiten son espacios muertos”.

Encontrarse con Dayana Rivera es una experiencia muy grata; es descubrir una persona descomplicada y que a simple vista demuestra su gusto por lo que hace. Conversar con ella se tornaba imprescindible, debido a su papel fundamental en la investigación de campo, que estuvo a su cargo, para la selección de los patios.

El estudio contempló 74 patios de todo tipo: conventuales, edificios que funcionan como oficinas públicas y privadas, museos y centros culturales, viviendas privadas, espacios de comercio, etc., de los cuales quedaron 10 en los que intervendrán 10 artistas.

Para la investigación se utilizaron algunas herramientas, desde listados que maneja el Fondo de Salvamento, pasando por libros de arquitectura e historia, entrevistas a expertos en distintas áreas y a varios habitantes. Pero la parte en la que más se concentró fue en recorrer, durante cuatro meses, todos los días el centro de Quito, hablar con la gente y sentir la ciudad.

Nos cuenta que en muy pocos patios tuvo dificultades de acceso, en algunos de ellos se requería pagar la entrada al museo o establecimiento, así se desee únicamente ver el patio. Y en un par de viviendas particulares por el tema de seguridad no estaban de acuerdo en participar en el proyecto. Sin embargo, en la mayoría de los espacios encontró gente que deseaba compartir lo que es y con ganas de abrir sus puertas.

Respecto a los aspectos que se tomaron en cuenta para la selección definitiva de los patios, menciona que el curador Gerardo Mosquera tuvo esa responsabilidad. Dayana le presentó su trabajo con una preselección que incluyó patios grandes y pequeños, públicos y privados, de vivienda y comercio, oficinas y espacios culturales. Pero para el escogimiento, lo más importante fue establecer una relación con la obra de cada artista. Es decir, no fue un concurso de los patios más bellos o más interesantes de la ciudad, sino que se encontraron espacios que dialoguen con la forma de trabajar de cada artista. También se tomó en cuenta que se pueda acceder a todos los patios en una caminata amigable que incluya varios sitios de interés al ir de un patio a otro.

Hacer un trabajo de campo en los patios del Centro Histórico de Quito para Dayana significó hacer ejercicio consciente de dejarse afectar por la ciudad. “De saberme parte de ella y de establecer una serie de intercambios presentes con las personas, la arquitectura, los lenguajes, los sonidos, los olores, colores, espacios sutiles, permitiendo conscientemente que el afecto se manifieste”. He abordado este trabajo desde la presencia consciente, dejando de lado prejuicios y expectativas sobre una ciudad que supuestamente conocemos -nos dice-. Al contrario, permito que la ciudad sea a cada momento, y yo me descubro”.

Pero esta búsqueda de patios, a más de las experiencias, del conocimiento que se adquiere, ha generado cercanías. Muestra de esto es que luego de haber visitado la Casa del Higo por tres ocasiones, sus dueños, el Sr. Fabián Recalde y su esposa invitaron a Dayana a “un roncito”, sin saber que ella no bebe alcohol y que coincidencialmente ese día no había desayunado. El resultado fue una tarde de varias horas de historias interesantísimas, de anécdotas familiares y de una borrachera total.

Esto no habla únicamente de mi “cabeza de pollo –reflexiona-, sino sobre todo de la amabilidad de las personas que he conocido. En cada espacio la gente desea ofrecer en forma de palabras, de abrazos, de comida, de bebida, sus ganas de compartir”.

A simple vista se nota el entusiasmo de Dayana con este proyecto, que reconoce a la ciudad y al arte como espacios vivos en constante transformación y movimiento. “Es un proyecto que le da un valor imprescindible a los habitantes de la ciudad más que a su imponente arquitectura, pues espacios sin seres que los habiten son espacios muertos”.

Este es un proyecto respetuoso e incluyente, tanto para espectadores que se relacionan con arte contemporáneo como para quienes no han tenido relación con él. En ambos casos, el proyecto contempla que se accederá a esta muestra con pensamiento crítico, con ganas de divertirse y recorrer la ciudad, con curiosidad.

Para finalizar, Dayana evoca las palabras de su querido maestro yogi, Guru Singh, quien dice que todos tenemos la responsabilidad de convertir a cualquier lugar en el que estemos en nuestro hogar y que tenemos la responsabilidad de que quienes compartan ese espacio con nosotros también se sientan en su hogar. En este sentido sería interesante que quienes se empoderen de esta responsabilidad se hagan tantas preguntas como cuando están en su casa, con esa confianza, y que permitan que la relación del patio y la obra se comuniquen con frescura.

“Para entablar un diálogo se necesitan dos partes, creo que de parte de los espectadores no faltarán las ganas de conversar con este proyecto”.

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