ARTE CONTEMPORÁNEO Y PATIOS DE QUITO, gran acogida del público

RESUMEN DE LA MUESTRA:

Centro Cultural Metropolitano (García Moreno y Espejo) nos encontramos con un escenario distinto al que habitualmente está dispuesto en ese espacio. Ahí el movimiento de plantas nos comunica inmediatamente que hay una intervención. Se trata de las manos del artista brasileño Rubens Mano, cuyo extraordinario juego con los espacios propone el traslado de la vegetación ahí existente: macetas, plantas, árboles que han sido desplazados. En la picota se ubicó arena roja. Esto revela la intencionalidad del artista de provocar una lectura diferente, justamente en este lugar en el que hace cientos de años se exponían los reos y las cabezas de los ajusticiados por la autoridad.

En el Patio Sur del Centro Cultural Metropolitano Jorge Perianes (España) construye una gigantesca telaraña que pondera la presencia, a menudo inadvertida, de esos otros “inquilinos” que habitan los patios. La espectacularidad de la obra transformó un lugar público y sorprendió a quienes lo transitaron, cambiando la rutina establecida por un choque estético, dejándolos con preguntas, misterios y fantasías. Esta telaraña no nos atrapa por su invisibilidad, según ocurre a los insectos con las telarañas reales, sino por su exceso de visibilidad, por su exuberancia enigmática.

En la casa Villacrés Miranda (Venezuela N1-51, entre Rocafuerte y Bolívar) el patio interior dejó ver una vistosa pared adornada con figuras del niño Dios: pequeños y grandes brazos, piernas, cabezas, de la figura religiosa son la antesala del taller de restauración de un artesano que ejerce su oficio en esta casa. Justamente la imagen del niño Dios –icono de la religiosidad popular- fue la inspiración del quiteño Miguel Alvear que intervino en este patio haciendo un inflable gigante del niño que fue colocado en la parte superior del patio central.

Magdalena Atria (Chile) inspiró su obra en la muerte de la única hija del Mariscal Antonio José de Sucre, que cayó desde el balcón de la casa, construida en 1812 y que hoy está habilitada como un Museo (Venezuela 573 y Sucre). La gran mancha de plastilina que empieza en el segundo piso hace alusión a un hecho lúgubre, pero lo sobrepasa y envuelve al espectador en un universo de travesura y alegría. El trabajo de Atria es sin duda conceptual, pero profundamente manual y de detalle; ella trabaja en formas que semejan espirales, curvas, caracoles en diferentes matices.

En el patio de la Casa Carrasco Oña (García Moreno N7-55 y Manabí) el artista Cuencano Pablo Cardoso rememoró la vida del poeta francés Henri Michaux quien escribió y vivió ahí durante un viaje a Ecuador. Cardoso reprodujo en el suelo de los patios algunos de los versos del poeta, y ha hizo correr el agua por los desagües de modo que caiga sobre ellos, diluyéndolos en su materialidad por el choque del líquido. De este modo ha tomado una memoria poética de la casa y la ha unido al carácter de intemperie, de humedad y frescor propios del patio.

En el patio del Museo Miguel de Santiago en el Convento de San Agustín (Chile 924 y Guayaquil), Mona Hatoum (Londres) hizo una instalación con sacos de yute, tierra y hierba semejando una barricada militar, pero de ella brota la hierba, la vida en vez de la muerte, deviniendo un jardín colgante.

Larissa Marangoni, la artista guayaquileña hizo del Patio de la Magnolia en el Cadisan (García Moreno N6-01 y Mejía esquina), un lugar de reflexión, incorporando justamente la magnolia en su obra a la que la enfrenta a un espejo que la refleja como un árbol talado. La artista alude a la desaparición de las magnolias en Quito y, en general, la deforestación de las ciudades contemporáneas.

Desde Costa Rica , Priscilla Monge fue influenciada por la riqueza de las leyendas de Quito. Una creencia popular afirma que el higo favorece la fertilidad, pero si se toma en exceso funciona como abortivo. Monge construyó dos bancas enfrentadas junto a la higuera patrimonial que da nombre al Patio del Higo (García Moreno N7-37 entre Olmedo y Manabí): una con un texto alusivo a la vida, otra con uno que refiere a la muerte. Siguiendo su interés artístico en los problemas femeninos y la violencia en la vida cotidiana, propuso aquí una nueva leyenda: quien se siente en la banca de la vida quedará embarazada, quien en la otra, abortará.

En la calle Ambato nos encontramos con el Patio del Hospital Siquiátrico de San Lázaro, en ese espacio presentó su obra Javier Téllez, el artista reprodujo aquí escritos “glosolálicos”, es decir, incomprensibles, entresacados de los textos del escritor y teatrista francés Antonin Artaud (1896-1948), quien llevó el lenguaje a los límites de su capacidad de significar y estuvo internado en una clínica mental. El hospital siquiátrico resultó la ubicación perfecta para este homenaje a Artaud, provocando reflexiones acerca de las fronteras entre irracionalidad y razón, entre significados establecidos y significados “otros. Como dice Téllez, los pendones están allí para ser “leídos”, para actuar a manera de puertas abiertas hacia otros sentidos.

En La Ronda; un personaje irrumpió en la estrechez de sus callejuelas. “Alicia” de la artista española Cristina Lucas cuya propuesta retomó un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, el libro de Lewis Carrol, en el que la protagonista crece hasta no caber en la habitación, y saca un brazo por una ventana. La artista llevó a un espacio real la inquietante fantasía de Carrol, en una obra que alude además al enclaustramiento de la mujer en el edén doméstico del patio.

“Arte Contemporáneo y Patios de Quito” una iniciativa que nos invitó a disfrutar el arte en otros espacios, a conocer propuestas artísticas de vanguardia, a redescubrir patios cargados de historia, a vivir nuestra ciudad. Una experiencia inédita en nuestro país.

Espere pronto el lanzamiento de nuestro documental y catálogo!

 

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