Javier Téllez ( Caracas / Nueva York, 1969)

Egresado de la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena (Venezuela). Se estableció en Nueva York luego de vivir en España y de cosechar éxitos en Venezuela al exponer en espacios como la Galería Sotavento donde presentó su obra por primera vez, el Museo de Bellas Artes de Caracas y la Sala Mendoza. Ha expuesto individualmente y participado en colectivas en México, Dublín y Madrid. Su obra ha estado en bienales como la de Venecia, Sydney, Praga, San Pablo, Kwangju, Trento y la realizada en  Museo Whitney de Nueva York. Fue distinguido como artista residente del Aspen Art Museum en 2006-2007 y del Baltic Art Centre de Suecia en 2007. Javier Téllez pertenece a una generación de artistas venezolanos de ruptura, interpelando a los componentes culturales del establishment.

Téllez escribió su nombre en la historia del arte contemporáneo de Venezuela cuando trasplantó la atmósfera siniestra de un sanatorio psiquiátrico a los espacios del Museo de Bellas Artes de Caracas. La extracción de la piedra de la locura (1996) fue un manifiesto contra la invisibilidad, con esta obra cuestionó los cánones de sociedades que subyugan lo que es mirado como diferente.

Nacido en una familia de psiquiatras, este artista construyó un discurso artístico a partir de memorias de su infancia y de sus visitas al hospital psiquiátrico de Bárbula (Valencia, Venezuela), donde su padre trabajaba. “La verdadera patria del hombre es la infancia”, dice citando a Rilke, para él la enfermedad mental hizo que desde temprana edad cuestionara las nociones de  lo normal y lo que no lo es. Actualmente vive en Estados Unidos, en lo que él denomina un exilio voluntario rodeado de libros como lo hacía en el hogar familiar. Sus padres atesoraron la biblioteca más importante de su ciudad, cerca de 20 mil volúmenes. Javier Téllez ha pretendido a través de sus obras y de los temas que trata darle una  voz a quienes no la tienen  “En mi práctica artística espero otorgar ‘visibilidad’ a personas y discursos que son condenados a la invisibilidad dentro del espacio social”. (JT)

Patio Hospital Psiquiátrico San Lázaro




Nombre actual: Hospital Psiquiátrico San Lázaro
Fecha de construcción: 1751 – 1800 / 1884 – 1891 / 1925
Dirección: Ambato Oe5-83, entre Bahía de Caráquez y García Moreno
Sector de la ciudad: La Libertad – San Diego – Panecillo
Uso original: conventual
Uso actual: salud
Accesibilidad: sin restricciones

  Tras la expulsión de los jesuitas en  1767, la autoridad real dispuso que, el abandonado colegio de los jesuitas, que funcionaba en un amplio terreno al pie de El Panecillo, (80) sirviera para hospicio de pobres y establecimiento de caridad, instalándose estas en el año 1771. Sin embargo, al advertir el riesgo que corría la salud de los vecinos, por la ubicación del hospicio en el corazón de la ciudad, se resolvió intercambiar los usos y el 15 de marzo de 1785, el presidente de la Audiencia Juan José de Villalengua y el obispo de Quito Blas Sobrino y Minayo suscribieron el acta de creación del hospicio de Jesús, José y María, para guardar y atender a mendigos, niños expósitos y leprosos que deambulaban por la ciudad. El 7 de enero de 1786 el hospicio pudo abrir sus puertas, cuando el cuartel abandonó sus instalaciones.

El edificio ocupa un amplio terreno con fuerte pendiente, al pie de El Panecillo, sobre la actual calle Ambato que corre de este a oeste. Posteriormente, al nivelar la calle, la construcción quedó elevada y para mantener los accesos útiles, debió realizarse un muro de contención y un alto atrio con pretil, obras que le caracterizan en la ciudad.  La esquina oeste, con la actual calle García Moreno, se llamó la "de la cruz de piedra", pues en tiempos coloniales se levantó un humilladero, desaparecido a fines del siglo XIX y repuesto, un siglo después, por el Fonsal, dentro del proyecto de recuperación de los hitos de la Calle de las Siete Cruces.

 La amplia fachada que mira al norte tiene tres partes claramente diferenciadas: el tramo este, que hace esquina con la calle García Moreno, se inicia con una alta torre poligonal, rematada con una cúpula con recubrimiento metálico que alguna vez alojó un reloj y un cuerpo de dos pisos con ventanas rectas; al centro se alza el alto frontispicio de piedra de la iglesia, y la porción oeste, también con dos pisos, pero con ventanas cuadradas muy espaciadas, llega hasta la esquina de la calle Bahía. En este tramo se encuentra el claustro principal, probablemente la porción más antigua del edificio y un patio que conforma la esquina.

Al claustro se ingresa por una magnífica portada barroca de piedra labrada, de un solo cuerpo con arco de medio punto, pilastras con motivos geométricos y follaje en las enjutas; el frontis se organiza con dos amplios roleos contrapuestos, rodeados de flores y frutas y caritas de ángeles. El espacioso patio interior se halla ajardinado y tiene una fuente moderna al centro, rodeado por claustros. Cada lado tiene nueve arcos de medio punto sobre columnas de piedra en el cuerpo bajo y pilastras de ladrillo en la alta, ligadas por un antepecho con balaustres.  Los arcos están extradosados y en sus encuentros, sobre el eje de las columnas una hoja de parra que cuelga. Los corredores bajos están embaldosados con piedra y aún conservan los típicos tumbados de carrizo y barro en forma de artesa.  Se accede a la planta alta por una amplia escalera de piedra, iluminada por una ventana que se abre a la fachada principal con vistosos vidrios de colores.  Los corredores altos tienen sus pisos entablados, cubiertos por una azotea que circunda completamente al patio, cerrada con balaustrada de mariscos cerámicos.  Las crujías de salas y cuartos se cubren con techos de teja. En el año 1925 se amplió un tercer piso con salas en los costados sur y oeste.

 Al oeste del claustro se encuentra un patio de la misma profundidad, pero con una curiosa planta trapezoidal que resulta de guardar paralelismo, por un lado con el claustro y por otro, con la calle Bahía que forma un ángulo obtuso con la calle Ambato. Su sus dos niveles tienen corredores con pies derechos de madera, a los que se abren las puertas y ventanas de las habitaciones; en el lado sur, que es el más ancho, se construyó modernamente una gruta para alojar una imagen de la Virgen, ahora inexistente, pues parte de la planta alta de este patio servía de residencia a las religiosas de la Caridad.

 Al lado oeste de la iglesia y hacia la calle, se tienen dos patios rectangulares sucesivos, con su lado más largo perpendicular a la calle Ambato y organizados de la misma forma: en la planta baja, tres arcos de medio punto en el sentido más largo y dos en el otro, soportan un segundo piso armado con vigorosos pilares ochavados de mampostería sobre pedestales cuadrados, ligados por un sencillo pasamano con barandilla de hierro. Tanto en la planta baja como alta, se abren cuartos y salas para los pacientes. Un largo patio de servicio corre detrás de estos patios y otro, mejor compuesto arquitectónicamente, tras el claustro.
La iglesia es de una sola nave y llama la atención por su altura; al parecer estuvo preparada para cubrirse con bóveda, pero se cierra con una armadura trabajada de manera vistosa.  Por su forma, debió construirse a fines del siglo XIX o inicios del XX, probablemente después de alguno de los terremotos que asolaron a Quito y es muy parecida a la de la antigua capilla de San Buenaventura, hoy de San Carlos, en San Francisco (110). Se trata de una estructura de madera canteada con una tenue decoración lineal superpuesta, con espíritu Neogótico; de par y nudillo con tirantes soportados en ménsulas, un corto pendolón une la hilera con el nudillo y dos piezas verticales ligan el encuentro del nudillo y el par con el tirante; en la terminación de las piezas verticales cuelgan piñas doradas. El tejado se soporta en un entablado pintado interiormente con flores sobre fondo celeste.

 La iglesia se encuentra interiormente toda pintada al óleo, semejando vistosos mármoles. No queda ningún retablo antiguo y los arcos que arman la nave, separados por pilastras dobles de capitel corintio, alojan algunas telas de espíritu académico.  Sobre los capiteles corre un alto entablamento que soporta un segundo cuerpo, donde se abren arcos rebajados con ventanas; la cornisa es tan amplia, que se encuentra entablada y protegida por una barandilla de hierro para circular con seguridad. El segundo tramo, después del presbiterio, es diferente a los demás, no solo por ser más ancho, sino también por que vuelan balcones soportados por grandes ménsulas, que coinciden con los niveles de la planta alta y de la terraza de las construcciones que flanquean a la iglesia; de esta manera podía ingresarse a través de tres puerta-ventanas en arco, a los balcones para seguir los oficios religiosos.

El coro, sobre la mampara del ingreso, se desarrolla en dos niveles. Al primer nivel se accede directamente desde la iglesia por una escalera de caracol y luego, por dos escaleras laterales, se llega a un nivel más alto tras la fachada y sobre el ingreso de la iglesia. De este nivel más alto, por otras escaleras, se accede a las cornisas; tres arcos de medio punto, el del centro más amplio, separan este nivel, del primero.

La fachada de la iglesia al parecer está sin terminar. Trabajada en piedra, es muy sobria y de aire neoclásico. Tiene dos cuerpos separados por una cornisa con triglifos y metopas, soportada en cuatro columnas adosadas, de fuste liso sobre pedestal y capitel dórico, que marcan tres calles. La calle central es más ancha, tiene abajo un amplio marco recto que encierra un arco de medio punto con la puerta de acceso, sus hojas talladas y policromadas, muestran los corazones de Jesús y María. A los lados se abren pequeñas ventanas rectangulares, con un sencillo marco recto. En el cuerpo superior las columnas son jónicas, también sobre pedestal y fuste liso; cada calle tiene una ventana rehundida, siendo más amplia la del centro. Las columnas de este cuerpo soportan una cornisa y sobre esta se levanta al centro, un pequeño campanario rematado por una cúpula que recuerda en algo a los de San Francisco (110); a sus lados hay dos remates cilíndricos con cupulines, todo trabajado en mampostería enlucida y blanqueada, que a su vez, recuerdan los remates del santuario de Guápulo (295).

El hospicio, más que ningún otro establecimiento asistencial, pasó grandes penurias en su vida. Llamado San Lázaro, porque atendía fundamentalmente a leprosos, también se hacía cargo de mendigos, ebrios, dementes, detenidos por la Policía, vagabundos; era además correccional de niñas y asilo de huérfanos. Hacia 1870, en época del presidente García Moreno funcionó adjunto al hospicio, en la quinta Yavirac, la primera maternidad de Quito. Con la llegada de las Hermanas de la Caridad en el año 1876, algo cambió la situación, pues las religiosas vivían en el mismo edificio, atendiendo de mejor manera a los asilados. Entre 1884 y 1891, en las presidencias de J. M. Plácido Caamaño y Antonio Flores, se amplió el edificio, expropiándose algunas propiedades vecinas.

En el año 1904, gracias a la ayuda del señor Juan Barba, quien regentaba el hospicio, se hicieron reformas y reconstrucciones, eliminándose las "pocilgas" donde se encerraban a los enfermos mentales. En 1911 se creó el Lazareto de Pifo, trasladándose a esa localidad los enfermos de Hansen. En 1914 se retiraron los niños huérfanos y al siguiente año, las niñas, que fueron a establecimientos creados exprofesamente. De esta manera quedaron solamente los ancianos y los dementes.

La situación a mediados del siglo XX era desastrosa por el hacinamiento, la falta de recursos económicos y el deterioro del edificio. En 1967 pasó a depender del Ministerio de Salud Pública, pero la situación seguía alarmante, pues atendía más de 1 000 pacientes. En 1970 se dañaron gravemente las instalaciones, especialmente las destinadas a los ancianos, debiendo evacuar parte de los enfermos a otras instituciones, quedando 300 asilados. En 1972, adoptó de forma oficial el nombre de Hospital Psiquiátrico San Lázaro y para mediados de la década de 1990, solamente quedaron 200 pacientes, la mayor parte de ellos sin poder egresar, pues se encuentran abandonados de sus familiares.

Por último, en febrero de 1991 todos los inmuebles que conforman el conjunto del hospicio fueron adquiridos por la Municipalidad de Quito con el propósito de restaurarlos y convertirlos en un hotel de alta categoría, proyecto que ha presentado diversas dificultades, entre ellas, la de encontrarse en un entorno deprimido que primero debe rehabilitarse social y físicamente.



FUENTE:

Ortiz Crespo, Alfonso y otros, Guía de arquitectura de la ciudad de Quito, Junta de Andalucía, Consejería de Obras Públicas y Urbanismo, Dirección de Arquitectura y Vivienda, Sevilla-Quito, 2004.


Sitios de Interés

Patio Hospital Psiquiátrico San Lázaro




JAVIER TÉLLEZ
Artaud Remix
Intervención: banderas con textos glosolálicos de Antonin Artaud , 2010

Se llama glosolalia a un estado extático que se alcanza en algunas religiones, en el que los creyentes profieren palabras sin sentido aparente, que se consideran una comunicación con la deidad. El artista ha reproducido aquí escritos “glosolálicos”, es decir, incomprensibles, entresacados de los textos del escritor y teatrista francés Antonin Artaud (1896-1948), quien llevó el lenguaje a los límites de su capacidad de significar y estuvo internado en una clínica mental. El hospital siquiátrico resulta la ubicación perfecta para este homenaje a Artaud, provocando reflexiones acerca de las fronteras entre irracionalidad y razón, entre significados establecidos y significados “otros”, acerca de la imposibilidad de traducir... en fin, explorando las dimensiones expresivas y las fronteras del lenguaje. Como dice Téllez, los pendones están allí para ser “leídos”, para actuar a manera de puertas abiertas hacia otros sentidos.

Javier Téllez. Nació en Valencia, Venezuela en 1969. Actualmente se encuentra en una residencia para artistas en Berlín. Muestras individuales: Galería de Arte Govett-Brewster, New Plymouth (2009); Baselland Kunsthaus, Muttenz, Basilea (2009); Figge von Rosen Galerie, Colonia (2009); Museo de Arte de Joliette (2009); Museo Carrillo Gil, México DF (2004). Exposiciones colectivas principales: Más grande que la vida - más extraña que la ficción, Stadt Fellbach Kulturamt, Fellbach (2010); Maestro Sustituto, Centro de Arte Contemporáneo de Atlanta (2010); Todas las criaturas grandes y pequeñas, Zacheta
Horario: lunes a viernes de 09:00 a 17:30

El Hospicio San Lázaro fue construido por los jesuitas a mediados del siglo XVIII. Tuvo un uso conventual y de hospicio.